22 de junio de 2026
De un PH a un galón: cómo una fundación resolvió el espacio, el capital y los papeles en seis meses
Este es el recorrido de un proyecto representativo del sector: cómo una asociación cannábica pasó de operar en un espacio prestado e inadecuado a tener su propio galón adecuado, habilitado y con contrato que protege a todas las partes.
Cuando Martín y Carla arrancaron con la Asociación Civil Tierra Verde en 2022, cultivaban en el PH de un socio fundador en Palermo. Tenían REPROCANN, tenían los papeles, tenían ganas. Lo que no tenían era escala ni estabilidad: el inmueble era prestado, el propietario del edificio no sabía bien qué pasaba en la unidad, y la ventilación era básicamente abrir la ventana.
Para 2024, Tierra Verde tenía 47 socios registrados en REPROCANN, una lista de espera de más de 20 personas y el mismo PH de 40 m².
EL DIAGNÓSTICO
Cuando llegaron a nosotros, la situación era clara: seguir en ese espacio era un riesgo para el proyecto, para el propietario del PH y para los socios. Los problemas eran tres.
Primero, el espacio no cumplía con los cupos: 47 socios con autorización no caben en 40 m². Segundo, el propietario no había firmado nada que declarara el destino del inmueble, lo que lo exponía a él y a la asociación. Tercero, la instalación eléctrica no estaba certificada, lo que convertía cada temporada de cultivo en un riesgo de incendio.
LA BÚSQUEDA
El primer paso fue definir los criterios: la asociación necesitaba entre 150 y 250 m², planta baja, zona industrial o mixta (no residencial densa), accesos discretos, energía trifásica disponible o ampliable, y un propietario dispuesto a firmar un contrato con el destino declarado.
"Propietario dispuesto" suele ser la parte difícil. La mayoría de los propietarios que reciben una consulta de una organización cannábica, sin información previa, dicen que no. El proceso de búsqueda incluye filtrar quién está informado, presentar el marco legal, el perfil de la organización y sus certificados REPROCANN vigentes antes de cualquier visita al inmueble.
En seis semanas se identificaron tres opciones compatibles en zona oeste del GBA. La elegida fue un galpón de 180 m² en Morón: planta baja, portón vehicular, energía trifásica, y un propietario —retirado, con otro inmueble ya alquilado como depósito— que, después de una reunión con el corredor y el asesor legal, entendió el negocio y firmó.
EL CONTRATO
El instrumento de locación incluyó tres elementos que no están en un contrato de alquiler estándar:
— Destino declarado: el inmueble se alquila para sede y espacio de cultivo de cannabis medicinal por parte de una asociación civil inscripta en REPROCANN, con el número de certificado vigente adjunto al contrato.
— Condición de las mejoras: la adecuación eléctrica, la ventilación y los sistemas de control ambiental quedan en el inmueble al finalizar el contrato; el propietario recibe todos los certificados profesionales al momento de la instalación.
— Acceso del propietario: puede solicitar una inspección del inmueble con 48 horas de aviso, acompañado de un miembro de la comisión directiva.
El plazo fue de tres años, renovable. El precio, acordado en dólares.
LA ADECUACIÓN
Con el contrato firmado, empezó la obra. El relevamiento técnico identificó que el galpón tenía la capacidad eléctrica justa pero no contaba con circuito dedicado para iluminación de alta potencia. La ventilación era cero.
La adecuación incluyó:
— Circuito eléctrico trifásico con tablero independiente para el área de cultivo, certificado por electricista matriculado.
— Sistema de extracción con ventiladores de alta capacidad y filtros de carbón activado en los conductos de salida.
— Barrera de vapor en paredes del sector de cultivo y deshumidificador industrial.
— Cerradura de seguridad en el acceso al área de cultivo, con registro de ingreso.
— Dos cámaras internas y una exterior, con grabación por 30 días.
Total de obra: 7 semanas. El propietario recibió los certificados al finalizar cada etapa.
EL RESULTADO A LOS SEIS MESES
Tierra Verde opera hoy en el galpón de Morón con capacidad para sus 47 socios actuales y margen para crecer hasta 80. El propietario cobra puntualmente, tiene el inmueble mejorado y sabe exactamente qué pasa adentro. La asociación tiene un espacio estable, una instalación certificada y un contrato que los protege a ellos y al dueño.
El médico responsable del programa, que antes se negaba a firmar por las condiciones del PH, ahora visita las instalaciones con regularidad.
Martín dice que el cambio más grande no fue el espacio: fue la tranquilidad. "Antes vivíamos esperando que alguien llamara por el olor o que el propietario del PH se arrepintiera. Ahora tenemos un contrato que dice lo que somos."